“Puedo decidir qué quiero para mí”
|
“Antes, mi vida era muy triste. Mi marido no me pegaba, pero tampoco me tomaba en cuenta. Tenía una autoestima bajísima, me daba miedo hablar y me daba miedo decir lo que yo sentía.
Se hizo un diagnóstico en la cooperativa de base, para ver las necesidades que teníamos, y lo primero que resultó es que ni siquiera nos gustaba decir ni cómo nos llamábamos. Producto de eso, se formó una escuela de lideresas que dilató ocho meses, donde nos dieron diferentes temas como, por ejemplo, un curso de creación de empresas. Vimos la necesidad de que también las mujeres necesitábamos un empoderamiento y tener acceso a algo. Pero… ¿a algo de qué, si ni siquiera me tomaban en cuenta?
Me capacité para manejar mis ingresos y recibí un curso de repostería. Empecé a hacer queques, tortas y nacatamales, y los salía a vender. Eso hizo que empezara a sentir el cambio en mi vida, porque mejoré mi autoestima. Pero siempre tenía la necesidad de ir conociendo cómo funcionaba mi organización.
En mi comunidad me iban viendo como una líder, y como tenía necesidad de trabajar y de tener riales, hice una escuelita. Pedí a los padres de familia que compráramos zinc y allí me declaré profesora. Tengo un sexto grado, y cuando se dieron cuenta en el Ministerio de Educación que yo estaba dando clases, me contrataron por un año. Yo saqué 25 niños de primer, segundo y tercer grado. Eso fue un logro para mí y vi que todo se puede.
También tenía la necesidad de estar involucrada en los pasos y movimientos de mi organización y comencé a ir. Me tomaron en cuenta y me dijeron que quedara al frente de las mujeres y que visitara a las cooperativas de base. Pasé un curso como facilitadora de género y capacitamos a 72 mujeres en las cooperativas, pero como no basta con eso, las mujeres hemos seguido pidiendo, reclamando los derechos que tenemos.
En una asamblea yo dije que necesitábamos sensibilizar a los hombres, para que no anduvieran diciendo que íbamos de vagas. Mi marido era el presidente de la cooperativa y el pasó por la escuela de sensibilización para los hombres. Me sirvió tanto que decidió darme la escritura de la tierra y hoy está a mi nombre.
Ha mejorado grandemente el bienestar de mi familia, porque las mujeres podemos administrar los bienes económicos de los hogares. No queremos quitar el mando a los hombres, queremos una equidad de género, donde juntas y juntos logramos romper las brechas de la desigualdad. Esa es la meta que yo tengo como mujer.
Hoy en día estoy trabajando con 26 mujeres en los bancos comunales, dando créditos a las mujeres para que ellas puedan desarrollar sus tareas y hacer sus negocios. Estoy feliz porque las mujeres sí podemos alcanzar metas y ayudar a otras mujeres a romper estas brechas, que nosotros mismas a veces nos creamos. Hoy tenemos el 30 por ciento de mujeres en los cargos directivos de las cooperativas.
A veces nos dicen que ‘ésta va de capacitación a capacitación’, pero uno nunca deja de aprender. Cada capacitación que nos dan es un aprendizaje más para nosotras y nos fortalece. En cooperativas y desde mi hogar voy a hablar. Tengo empoderamiento, tengo acceso a bienes económicos, pero lo que más me fortalece es poder decidir qué quiero para mí”.
Nombre: Esmeralda Martínez
Edad: 45 años
Organización: CafeNica
Municipio: Boaco
País: Nicaragua

