"Tuve el gusto de ir a buscar a mi hija"
“Hoy ella sabe que su madre la fue a buscar, que he arado el mundo para saber de ella y espero seguirlo haciendo hasta el último día de mi vida”
|
“Un 9 de noviembre de 2003, mi hija Clementina del Carmen Lagos Barrera recibió una llamada telefónica.
Me llamó la curiosidad que ella contestó un negocio, y después que contestó el teléfono se quedó pensativa, como preocupada. Me dijo, ‘¿mamá, me va a dar permiso para ir a hacer un mandado?’
Yo le dije que adónde era el mandado y quién era la persona que le estaba hablando. Mi hija me respondió que no era nadie, y se me puso como enojada y corrió al cuarto.
Cuando las niñas se me durmieron yo la llamé para que ella fuera a acostar a sus niñas, y ya mi hija ya no me atendió al llamado. Se me acercó uno de mis niños y me dijo, ‘mamá la Clemen no está. La Clemen ya salió’.
Ella me mandó una razón con un furgonero, que por favor fuera a buscarla a Guatemala, que la habían dejado vendida. Cuando llegué a Guatemala una persona me dijo que ya la habían sacado, que la había sacado un mexicano.
Ahorita, en el viaje que hicimos para México, en todo México no hubo nadie que reconociera la foto de mi hija hasta que pasamos por Tapachula, donde la foto fue reconocida en una exposición en el parque. Una señora dijo que conocía a mi hija, que la miraba pasar en su colonia, que no me podía decir la casa, pero sí que entraba más adentro de la colonia de ella, porque había más colonia.
Cuando avanzamos una señora que tiene una cuartería, me llamó para decirme que ella reconocía esa fotografía. Era la segunda persona que reconocía a mi hija.
Nos enseñó la casa, salió un señor muy elegante, blanco, alto. Nos preguntó que qué queríamos y nos quedó viendo la fotografía. Le explicamos que yo era la mamá de la joven de la foto y que la andábamos buscando porque nos habían dicho que la habían visto allí, que no sabíamos si trabajaba o vivía en la casa de él. El señor nos respondió muy agresivo que él no tenía a nadie allí en su casa.
Tengo la gran esperanza de que los de la organización sigan las pistas de mi hija y me ayuden a algún día a reencontrarme con ella, para que sus hijas tengan la oportunidad de compartir con su madre algún tiempo de su vida.
Como madre el viaje a México ha significado muchísimo, porque la verdad es que pude compartir con muchas otras madres. Eso como que le alivia un poco a uno, nos apoyamos juntas, ya no solo soy yo, somos varias que estamos compartiendo el mismo dolor. Nos estamos comprendiendo lo que hemos pasado.
También me ha servido muchísimo porque logré llegar hasta donde he sabido que mi hija está. Tuve el gusto de ir a buscar a mi hija, de no sentir que no pude ir y de que tal vez mi hija me haya visto y que sepa que como madre la quiero encontrar. Que ella es lo más importante en la vida de nosotros, tanto de su hermano, de sus niñas y de mí, que no se sienta sola.
Aunque ahorita no me la pude traer a mi hija, pero si acaso en la mente de mi hija ha pasado que nosotros como familia no la hemos buscado o no la queremos encontrar, hoy ella sabe que no es así, que su madre la fue a buscar, que he arado el mundo para saber de ella y espero seguirlo haciendo hasta el último día de mi vida.
Espero encontrarla antes de que me muera, yo la espero con mucho amor y cariño, y sí sé que hay un Dios y Dios me ha salvado de muchas cosas graves que pasé cuando andaba buscando a mi hija. Y se lo agradezco a Dios y a todas las personas que me han dado apoyo, porque cuando anduve buscando a mi hija había personas que ni me conocían y me daban la mano.”
Nombre: María Eugenia Barrera
Edad: 42 años
Municipio: Chinandega
Organización: Servicio Jesuita para Migrantes
País: Nicaragua

